Cuántas veces hemos escuchado que la curiosidad del niño hay quien se encarga de achicarla hasta hacerla desaparecer…

¿Qué podemos hacer como maestros y como padres o tutores para que esta curiosidad se mantenga en el tiempo y que el espíritu de viveza que hace tan diferente al niño del adulto resista y les acompañe eternamente?

La curiosidad, las ganas de saber, de conocer, de profundizar en un tema, de ver más allá… pueden ser los responsables de una vida más plena, más larga y más culta.

En 6 puntos voy a intentar plasmar lo que para mi es enseñar para que la curiosidad del niño no cese mientras se va haciendo adulto y que le acompañe para siempre:

  1. Escucha a tu hijo pausado, mírale a los ojos y deja que se exprese. Si está imaginando, pregúntale qué más pasó y que vea que tienes interés, curiosidad al fin y al cabo, por lo que te está contando.
  2. Cuando el niño explora, mientras no entre en juego su integridad física o la falta de educación, déjale libertad. Si le decimos que no a todo, llegará el día en el que pierda interés por todo y  la excusa sea: “claro, si es que no se puede, o peor aún, claro, si es que no puedo o nada me interesa”. Triste expresión esta última…
  3. Llévales a la ciudad, al museo, al campo, al jardín botánico… y muéstrate ilusionado, exprésate como si lo que vieres lo vieras por primera vez y transmíteles ese entusiasmo. Si puedes planificar con ellos la salida ¡mejor aún!. Si les enseñas alguna foto o les cuentas alguna historia, su motivación será mayor porque estarán a la expectativa de lo que vayan a visitar.
  4.  Si dibujan una flor y parece un caracol, coge su dibujo y diles lo interesante que te parece. Pregúntales qué colores han utilizado y cómo se llama la flor… Cualquier situación es buena para conversar con nuestros pequeños. Hay que aprovechar todos esos momentos y sacarles el mayor rendimiento. Esto les marcará para siempre y la viveza a la que hacía referencia anteriormente, madurará y permanecerá con el niño.
  5. Permíteles ver un tren donde hay una nube o un dinosaurio donde hay humo… y no dejes de preguntarles, no quieras imponer tu verdad por encima de la suya.
  6. Una clase donde no hay respuestas equívocas sino distintos puntos de vista, donde indagar y resolver es el método y no parte de la metodología, donde el profesor empieza con una frase clave o con un cubo vacío y una esponja… ¿qué hay detrás de todo eso?. La creatividad nos puede ayudar a potenciar la curiosidad así que ¡manos a la obra!. Te garantizo que puede ser muy divertido y los resultados insospechados y maravillosos.

Habrá quien lea estos 6 puntos y piense que entonces dónde está el límite… bajo mi punto de vista el límite lo pone el sentido común.