No esperes a recibir para dar.

¿Has probado alguna vez a sonreír a alguien que está serio? Generalmente, por muy mal que se encuentre en su interior, te devuelve esa sonrisa… Y si lo pruebas y no funciona, no te sientas mal, ni pienses que la otra persona no es generosa o maleducada, sólo piensa que tú le invitaste a sonreír.

¿Cómo podemos educar en la solidaridad? Con el ejemplo… Si en casa te ven ceder el asiento al abuelo que llega, si te ven cuidar de un animal herido, si te ven apoyando una causa… no dudes que si te ven, con el simple hecho de sólo verte, ya están aprendiendo a ser solidarios. Además, hacerles partícipes de estas acciones o invitarles a dialogar sobre el respeto y la buena educación, son aspectos que nos pueden ayudar a que más adelante reflexionen sobre ello y les salga de manera natural.

Mi madre siempre me decía: «no sabes la suerte que tenemos de haber nacido donde hemos nacido». Y partiendo de esta premisa, nuestra misión es dar servicio a esta sociedad en la que vivimos.

Es nuestra obligación enseñar a los niños a ser felices mientras dan sin esperar siempre a recibir. Esto en ocasiones frustra, pero te recuerdo, que la frustración forma parte de su aprendizaje haciéndoles más resistentes y conscientes del paradigma de la vida.